atardecer en el Waraira Repano

atardecer en el Waraira Repano
atardecer en el Waraira Repano, Julio 2010

miércoles, 11 de enero de 2012


El intelectual bolivariano del Siglo XXI: un aporte para fundar una episteme emancipadora desde la Democracia Participativa y Protagónica.[1]
Antr. Benjamín Martínez


  1. La Epistemología Plural como condición de una Epistemología Emancipadora.

Hablar de conocimiento es  entender las potencialidades de cada uno de los seres humanos en la construcción colectiva de la Cultura. El conocimiento, así entendido, surge entonces como un diálogo con la realidad, con el entorno sociocultural y ambiental de los sujetos. Tal diálogo se percibe, siguiendo a Platón, pero también a Hegel, como una dialéctica, una síntesis que deviene en antítesis y que consecuentemente genera una conclusión, no concluyente por el propio cauce histórico que elaboran los propio sujetos y sin el cual, no pudiese existir la Cultura. La Cultura como mediación, siguiendo a Geertz y quizás toda la tradición de la Escuela de Chicago, es el paradigma bajo el cual hemos podido suscribir la tesis cualitativa de que todo conocimiento sobre la realidad es válido para entenderla, incluso, y he aquí lo más relevante, mucho más pertinente que las teorizaciones academicistas generadas en salones distante años luz de los sentimientos y emociones de un colectivo, el cual políticamente denominamos Pueblo.

El pueblo posee su propio conocimiento generado desde contextos locales muy específicos y que responde a una realidad inmanente al sujeto histórico: el sentir. Del sentimiento se genera el saber y su inevitable generación colectiva y en tal sentido, Alejandro Moreno denomina a tal conocimiento episteme convivida. Conocimiento, reflexión que nace desde la cotidianidad, porque responde a los condicionantes socio e infraestructurales de la misma realidad.

Siguiendo a Moreno, pero política y culturalmente enmarcados en las realidades de los pueblos con mayor énfasis en el diálogo intercultural hemos venido trabajando el concepto con miras a un paradigma hermenéutico, hemos ido inclinándonos a la Epistemología Plural, conocimiento, reflexión permanente sobre el saber producido con una intención contrahegemónica, por la necesidad de desarrollar una Ciencia desde nuestra Propia Cultura, sin olvidar claro está cualquier posibilidad de diálogo.

Hemos hablado por ejemplo, de plusvalía en términos de la intelectualidad sometida al servicio del mantenimiento del “Orden Mundial” Capitalista. La economía mundial ha modelado desde el Renacimiento la Producción de Conocimiento al servicio de la Producción de Miseria, potenciada luego con mayor énfasis en los diversos procesos colonialistas, todavía hoy en boga por las academias en gran medida anglonorteamericanas a través por ejemplo, de la bioprospección, pero también por el patrocinio a los intelectuales que en gran medida caen en la red de la dinámica global.

Consciente de esta realidad, afortunadamente el pueblo con sus propios intelectuales, necesariamente de izquierda, ha posibilitado frentes contrahegemónicos muy concretos, en especial aquellos que se han involucrado con la causa indígena desde hace más de 35 años, y que han generado a partir de la conciencia sobre el potencial de la cosmovisión ancestral como generadora de saber un discurso propio y profundamente anticolonialista, nos referimos también a intelectuales como Robert Jaulin, Franz Fanon, Guillermo Bonfil Batalla, Miguel Alberto Bartolomé, Nelly Arvelo-Jiménez, Filadelfo Morales Mendez, Heinz Dieterich, Darcy Ribeiro, desde las Ciencias Sociales, sin olvidar a Pablo Neruda, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Andrés Eloy Blanco, entre otros, desde la narrativa, por citar algunos que han sabido cómo generar conciencia y generar frentes contrahegemónicos.

La episteme plural en esencia es un diálogo desde la base con el pueblo, a partir de allí es que podemos hablar realmente de una episteme, de un saber, de un conocimiento verdaderamente liberador, no de otra forma, no aplicando metodologías ininteligibles para  el propio sujeto que hace investigación, como por ejemplo la Investigación Participativa empaquetada desde  Norteamérica y afortunadamente reinterpretada por Fals Borda para la realidad latinoamericana, en especial de Colombia, su país de origen.

Por tal razón hablamos y debemos seguir hablando de epistemología, de saberes para el desarrollo endógeno, por eso debemos seguir el mandato de nuestra Constitución Bolivariana, donde se suscribe la convivencia en términos de plurietnicidad, pero también debemos hablar de ética, de ciudadanía, de conciencia sobre nuestros actos, con excesiva frecuencia etnogenocidas y antiecológicos.

Observemos nuestros actos, hagámonos una autoevaluación permanente de conciencia y veremos cuan distante está nuestro intelecto de una verdadera revolución. Sin amor, sin conciencia, jamás puede existir una episteme plural y por lo tanto, de emancipación y mucho más distante del verdadero desarrollo de nuestra Patria.


  1. Los ocho puntos cardinales para la autodeterminación.

Desde la noción de episteme convivida, pasamos a la de episteme plural y de allí a una episteme emancipadora, estos tres escalones no pueden subirse sin precisamente tener conciencia de sentido: la autodeterminación. Para alcanzarla realmente hemos venido proponiendo ocho horizontes de acción desde la Cultura, que se encuentran estrechamente interrelacionados:




De esta manera podemos ver la Cultura como resultado de la Mediación prístina entre la producción material, en sus diversas modalidades, desde una estética plural generada de la relación con la Naturaleza (Ecología), poniendo en práctica el potencial Cognoscitivo del ser humano, con Conciencia sobre tal producción (Epistemología) y de su pertinencia a partir de las relación entre los seres humanos (Política) es que se deriva el bienestar (salud), conciencia sobre el espacio habitado (Geopolítica), que posibilita la verdadera emancipación, pues respondemos a una ética sobre y desde la convivencia.

Como se puede notar, la producción, no responde aquí a la necesidad creada artificialmente desde la ideología capitalista, del homo economicus, sino más bien al ser humano, desde su propia condición. La exploración creativa, trascendente, de la cultura, sin mediación del capital, sino de ocho complejas dimensiones de la vida en relación con los hombres, mujeres, niños y niñas que conforman la sociedad.

  1. Sin desarrollo endógeno no puede haber socialismo del siglo XXI.

De lo expuesto en los dos puntos anteriores, argumentamos la necesidad de conciencia social, que obviamente es generada desde la cultura, y esto es lo que realmente pudiese posibilitar un desarrollo endógeno, que entendido desde este paradigma, es lo que lograría el socialismo del siglo XXI, enmarcado en el Nuevo Proyecto Histórico, profesado por Heinz Dieterich.

En el socialismo del siglo XXI, hablamos de un nuevo hombre, un hombre constituido por el cauce histórico de todas las luchas por la emancipación del saber, de la responsabilidad del hombre por mantener armónicamente su relación con el medio ambiente, escuchando a los chamanes de nuestros pueblos ancestrales, escuchando la experiencia de los ancianos en las urbes, el grito incesante de clamor de la naturaleza, el grito del hambre en los lugares más remotos del planeta.

Todos los hombres son intelectuales, como diría Gramsci, y todos tenemos la posibilidad de cambiar desde un saber venido de la praxis de transformar las injusticias sociales que incluso en una sociedad democrática pareciera que se potencian más: la patria aun parece que no ha parido, como diría nuestro hermano luchador Alí Primera, no ha parido el intelectual que produzca la República que necesitamos para enfrentar el imperio de Mister Danger[2]. El Momento es Ahora. Debemos Luchar desde la Producción de un Saber verdaderamente emancipador. Ese es el reto: un humanismo real.


  1. La Alternativa Bolivariana para América como proceso contrahegemónico  necesario para la humanidad.


Una de los intentos es pensar la unión latinoamericana, desde la interculturalidad, desde la solidaridad con nuestros hermanos del Sur, por eso, “el Norte es el Sur”. Hacia allá estamos andando y debemos seguir mirando, no como hicieron las élites del pasado, copiando modelos educativos de Francia o Inglaterra, ¡No! El proceso histórico venezolano demanda sus propios modelos educativos, el que hemos llamado Educación Bolivariana, que no es más que reformas trascendentes de la Educación Tradicionalmente Opresora, aun no ha nacido y hay que estar consciente de eso, hay esfuerzos, y podemos hablar, por ejemplo, de la Universidad Bolivariana, una combinación desesperada de metodologías para transformar a nuestras comunidades que afortunadamente hemos ido revisando, y determinando que no está en su totalidad permitiendo lo que debería ser un genuino y oportuno “diálogo de saberes”, al punto de que no existe una conciencia real sobre lo que debe ser una episteme convivida, plural y emancipadora.

La solidaridad entre los pueblos hermanos quizás puede dar nuevas luces al proceso educativo bolivariano, ese que ha permitido fortalecer por ejemplo, la Escuela Latinoamericana de Medicina en Cuba, y que pronto funcionará en el Estado Bolívar en nuestro país. La Educación Bolivariana, más certeramente robinsoniana[3], es la Educación que se nutre del saber de los pueblos, y debe ser la Bandera, del Movimiento Mundial que estamos promoviendo en cada rincón donde vamos: la transformación total del mundo, cuyo epicentro lo podemos ver en el Congreso Bolivariano de los Pueblos a nivel político, como muchos otros encuentros como el que propicia por estos días, el Movimiento de los No Alineados.

Es desde esta realidad donde hemos venido suscribiendo la necesidad de la reciprocidad energética y sociocultural de la Alternativa Bolivariana para América Latina (ALBA).

El ALBA, surgido desde el diálogo de saberes, como sostuvimos una vez en la Universidad Mayor de San Marcos, Lima[4], es conciencia sobre la desplusvalización intelectual, conciencia sobre la necesidad de la integración, la unificación de las fuerzas contrahegemónicas que trascienden las fronteras políticas del mal llamado subcontinente latinoamericano: es la unión de los que luchan por la autonomía, por el diálogo de saberes, por una episteme y una metodología propia. Esa es la intención, el desarrollo desde nuestra cultura y desde el diálogo intercultural. He allí la trascendencia de encuentros como éste que esperamos seguir desarrollando, en pos de una humanidad unida por su propio bienestar.

Muchas Gracias

Valencia, Septiembre 16/2006





[1] Fragmentos de la Conferencia dictada en el Encuentro Nacional: Epistemología para la Emancipación. Valencia, Estado Carabobo. Venezuela. Sábado, 16 de Septiembre de 2006.


[2] Mister Danger, es el nombre dado por el Presidente Venezolano Hugo Rafael Chávez Frías, al Presidente Imperialista George W. Bush y su política etnogenocida de exterminio mundial.
[3] La Educación Robinsoniana es la que generó el Maestro del Libertador Simón Bolívar, Don Simón Rodríguez, quien suscribió la Educación del Nuevo Republicano desde, entre otras cosas, la conciencia ciudadana, diferente a la Europea.
[4] Martínez, Benjamín 2005. EL ALBA como estrategia globalizada. Entre la descolonización epistémica y la autodeterminación del ethos plural latinoamericano. Conferencia dictada en el Gabinete de la Escuela Académico  Profesional de Arqueología, Facultad de Ciencias Sociales. Universidad Mayor de San Marcos, Julio 18, 2005. Lima, Perú.

CREDO DEL ESTUDIANTE BOLIVARIANO


Creo en el poder del estudio,
en el análisis y la síntesis
de una sola voluntad.

Creo en Bolívar y  Martí,
tanto como en Rodríguez y Bello
íconos siempre vigentes
tanto en el corazón como en la mente.

Creo en el proceso revolucionario
como una forma de encontrar verdades
junto a una Ciencia Plural
y Antihegemónica.

Creo en el poder de la Sabiduría Ancestral,
en la formalización de los saberes
y en una Academia nacida
desde y para las Sociedades.

Creo en la Plurietnicidad
como única vía de alcanzar Conocimiento.

Creo en la República Bolivariana de Venezuela
como principio de la Patria Grande.

Creo en Neruda y su Canto General,
en Nazoa y Prieto Figueroa,
en el Maestro que enseña el sendero
de lo correcto y lo incorrecto.

Creo en la Mujer Venezolana
creadora de Utopías.

Creo en la Educación Bolivariana
como el sendero necesario
para concretar los sueños.

Creo en un futuro
que se hace presente cada día,
en cada gesto, en cada palabra
tan universal como el Amor.


Benjamín Martínez
C.I.13.866.425
Caracas, 11/04/2006 09:40:46 a.m.

Credo del Antropólogo




Creo en la comunión de los senderos
como principio y fin de la sabiduría.

Creo en la realidad y en la capacidad que tenemos
para transformarla.

Creo en los Derechos Humanos, en su praxis y legitimación
como única vía para alcanzar la convivencia.

Creo en la abolición de las injusticias
y de los sistemas coloniales.

Creo en la rebelión tanto como en la interculturalidad,
en la etnicidad tanto como en la historia de los verdaderos protagonistas,
en la palabra y la imagen más que aquél que se preocupa por venderlas.

Creo en la Ciencia como transformadora de verdades inmutables.

Creo en la Antropología y sus métodos
como una vía para conocer y pronosticar
el destino de los  pueblos.

Benjamín Martínez
CI-v. 13.866.425

Caracas, 22-02-04


martes, 10 de enero de 2012

Antropología de la Izquierda Venezolana


Benjamín Eduardo Martínez Hernández[1]

Florecemos
en un abismo
Rafael Cadenas, Homenaje

Como sujeto interesado en la cultura del venezolano, muchas de las interpretaciones que realizan desde hace algunos años investigadores interesados en comprender la política desde nuestra realidad, me han dejado un sabor agrio en mi corazón, pues, desde mi punto de vista, no posibilitan un genuino encuentro con el nosotros plural que somos, importando percepciones ibéricas unas, sajonas otras, se diluyen en una acomodación prístina en modelos inoperantes, sin hablar de aquellos que pretenden justificar una entelequia en función del análisis semiótico como panacea de la actual crisis planetaria, quizás después de todo, no sea precisamente la transformación en función del prójimo lo que desean.
Símbolos y signos pensados, reconfigurados bajo la vigencia de una posible orientación crítica de lo vivido, nos invitan a una sacudida de lo que pretendemos ser, que puede o no condicionarnos como sujetos ajenos a cualquier pretendida vinculación a estadios culturales importados, catalogándonos distantes de un pretendido modelo de civilización.
El proceso histórico venezolano nos invita a vivir la pluralidad evocada y sentida desde nuestra cotidianidad ante aquellos principios de vida que al ser ajenos a lo nuestro, se pretenden legitimar desde la academia, incluso, desde esa academia que dice surgir desde las necesidades del pueblo, cuyos fundamentos no sólo aparecen obsoletos y poco funcionales, sino que lamentablemente reproducen modos de vida alienantes.
La estructuración burocrática de nuestra propia cultura en los diversos espacios en que la producimos y reproducimos, ajena incluso, a cualquier praxis nacida desde una reflexividad crítica, debe ser cuestionada en función de una posibilidad de combate, desde otras lógicas necesariamente anti capitalistas, pues nuestro ethos en la mayoría de los casos se presenta imprescindiblemente materialista.
Nuestro proceso cultural, por cierto, muy rico, se encuentra forzadamente oculto en diversos escenarios, con lo cual la política desaprovecha intencionalmente las figuraciones de una genuina realización.
La potencialidad de la compleja izquierda venezolana como principio interpretativo de una praxis necesaria, actualmente fluctúa entre una tradición de resistencia y un moldeamiento a los intereses personales que si bien siempre han existido, hoy se enfrenta a la imposibilidad de su continuidad.
La izquierda venezolana se encuentra culturalmente en una encrucijada: O reafirma su lealtad a lo diverso de su composición o sigue manteniendo el striptease ante el imperialismo. El actual sujeto cultural venezolano posee su propia potencialidad para hacerse a sí mismo, más allá de lo que nuestros hábitos parecen suponer, aprovechemos la circunstancia.
Sirvan estas líneas para, junto a muchos otros compañeros de lucha, reafirmar la voluntad de transitar nuestra humanidad con la convicción de quien reafirma lo que es en un momento inevitable como hoy.

Y viene la lluvia iluminada por fogones celestes,
y el arcoíris convierte la tarde
en la puerta de los siglos.
Vicente Gerbasi, Tiempo de Cosecha


[1] Antropólogo, Profesor de la Escuela de Sociología, UCV. Correo: antropologando@yahoo.com
Teoría Crítica y epistemología plural como fundamentos de la
Intervención Compartida.[1]
Antr. Benjamín Martínez


Estamos aquí reunidos, una vez más gracias a la invitación que nos hiciera la profesora Adriana Malpica, desde la Coordinación Académica, conjuntamente con la profesora Aide Aponte, desde la Coordinación de Servicios Comunitarios desde hace ya más de dos meses. Entendiendo que el interés por compartir ideas no responde únicamente a la responsabilidad que como institución tenga el Colegio Universitario de Administración y Mercadeo CUAM Industrial de responder a un requerimiento del Estado en el cabal cumplimiento de la Ley de Servicio Comunitario; sino más bien, en el interés principal de crear profesionales integrales, ciudadanos con una alta capacidad de compromiso ético, desde sus respectivas disciplinas para la sociedad en la cual se desempeñen. Estamos aquí porque sin duda compartimos ese ideal, que hoy se consolida, una vez más, como un compromiso ineludible de quien desea construir colectivamente una propuesta de acción sobre el sentido de la investigación desde la relación comunidad - universidad y sobre todo, en este caso en particular desde el CUAM Industrial y sus comunidades vecinas.

Hace más de un mes, exactamente el 30 de Marzo, comenzamos nuestra intensión, compartiendo lo que hemos venido entendiendo como “Intervención Compartida”, bajo la conferencia: Investigación para el Desarrollo Comunitario: Alcances posibles de la intervención compartida y que dicté en el auditorio de este colegio. Hoy, luego de presentar aquél día de manera muy general, cómo debería concebirse desde nuestro criterio lo que es la investigación en función del desarrollo, trataremos de ir a sus fundamentos. El núcleo central de la teoría como diría Lakatos, y su funcionalidad orgánica, en tanto desmontaje ideológico de lo que realmente ha sido la investigación “tradicional” ampliamente arraigada a un sistema de producción específico. Nos referimos aquí al sentido capitalista y al positivismo sujeto céntrico desde donde las diferencias culturales y la subjetividad, no han sido precisamente el centro de atención.

Hoy no podemos dejar que la propia subjetividad pase desapercibida, pues es ella misma la que dirige las intenciones reales de la investigación, y la que al mismo tiempo demanda, las transformaciones necesarias que las propias sociedades exigen.

Es así como nos conducimos en esta oportunidad, desde el sentido de la investigación, desde una postura necesariamente crítica. No puede haber progreso científico, y de hecho no ha habido progreso sentido, sin una postura “inquieta”, “examinadora”, en fin, interrogativa de la realidad. Así ha surgido –y sigue surgiendo-  el conocimiento. Eso es lo que debemos rescatar, el potencial intelectual que tenemos todos los seres humanos de conocer lo que nos rodea e incluso, a nosotros mismos.

Es harto conocido por muchos antropólogos, que cada sujeto en la medida en que crea y legitima su cultura, genera un pensamiento altamente complejo para apropiarse, empoderarse de la naturaleza, y en ese mismo sentido, crear sociedad. Los alcances del estructuralismo de Claude Lévi-Strauss en este sentido, resultan altamente significativos.

El reconocimiento de que todos los seres humanos tienen la posibilidad de comprender-se críticamente tanto así mismo como a su entorno social y natural, es en cierto modo, un desafío, porque aún existe la discriminación étnica, e incluso racial, pero sobre todo existe algo más grave: la legitimación de determinadas creaciones intelectuales como “cultas” o “incultas”, como “complejas” o “simples”. Lo que a su vez, legitima la intención de determinados mecanismos ideológicos que marcan y cercenan las potencialidades propias del reconocimiento de la diferencia, y sobre todo de la posibilidad de emancipación del sujeto.

Nuestro enfoque valora las diferencias intersubjetivas como un paso decisivo al reconocimiento del otro como elemento trascendente en la creación de conocimiento. Con lo cual, necesariamente debemos acompañar nuestro planteamiento con un método que reconozca las diferencias como intencionalidades societarias desde la ética misma de la investigación con sentido plural.

Es por tal motivo que valoramos la aproximación que tuvo la primera generación de la Escuela de Frankfurt donde ubicamos a Theodor Adorno, Max Horkheimer y Walter Benjamin, donde el alcance epistémico de la crítica, como pensamiento de avanzada, dialécticamente permite la concreción de las diferencia antagónicas que escinden al sujeto. En nuestro caso no se retoma exclusivamente desde su impronta occidentalizada sino desde la alteridad misma, es decir, en nuestro caso, desde la propia realidad pluriétnica que nos define como latinoamericanos, sujetos plurales en toda su dimensión, el conocimiento surge desde las diversas formas en que surge el pensamiento crítico sobre la realidad.

Es desde esta perspectiva donde nos reconocemos como portadores de una oralidad y de una ancestralidad que se olvida muchas veces desde la indagación interpretativa de lo que somos, en tanto portadores / reproductores de un sistema aún colonial, o bien, plusválico, (Ludovico Silva) en el sentido de la reproducción de la desigualdad, en tanto industria cultural

Para ellos debemos insistir en autores como Gastón Bachelard y Wright Mills, desde la puesta en práctica de la imaginación en el desafío de conocer al mundo, pero también a Franco Ferrarotti, en la posibilidad de conocer al sujeto, y a través de él a toda una sociedad. La dialéctica como método nos hace partícipes de la construcción colectiva del conocimiento, desde el mismo momento en que reconocemos la desigualdad social, las contradicciones del sistema de producción económico-social, donde ha surgido una investigación al servicio de las grandes corporaciones y donde las universidades e institutos de investigación son meros reproductores de “capital humano”, y no de sujetos críticos.



La reconsideración del sujeto en tanto persona que vive en sociedad y que en ese mismo sentido, permite concretizar su propia acción desde la intención transformadora de su propio pensamiento, debe ser nuestro interés principal en el actual momento histórico que estamos viviendo.

Ustedes, los docentes, tienen en sus manos no sólo el futuro de esta institución, sino que también, junto a los estudiantes, son los principales impulsores de un cambio social efectivo, al cual aspiramos desde la verdadera puesta en práctica de la Ley del Servicio Comunitario, que no es sólo un requisito para “graduarse” y que no puede convertirse en un dolor de cabeza de los estudiantes, sino más bien, un impulso decisivo en la inspiración final de quien pasará a ser un profesional más de nuestra nación o de otras.

Dado que debemos afrontar el reto de superar el método “científico” tradicional en pos de la transformación que demanda nuestra compleja sociedad venezolana, las múltiples variantes culturales que en ella conviven representan grandes retos, tal y como lo expresa Zemelman:

“1) Frente a la explicación hipotético-deductiva, el razonamiento crítico-aprehensivo; 2) frente a la acumulación teórica, la exigencia de especificación; 3) frente a la exigencia de correspondencia con la realidad o prueba, la lógica de construcción del objeto, y 4) frente al enfoque definido por el ciclo dado o el producto cristalizado reconstruible, el razonar desde lo potencial (apertura, indeterminación).” (1992:172,173).

Como hemos dicho arriba, la Teoría Crítica frankfurtiana nos permite retomar el cuestionamiento de la forma en que se vive en sociedad, desde el “desorden mundial” (Todorov), del cual hoy somos, muchas veces inconscientemente, protagonistas. Nuestro punto de partida entonces, antes de comenzar a realizar una investigación, viene medido por la capacidad que tengamos de hacernos un autoanálisis sobre el por qué podemos definirnos hoy como investigadores, y qué nos hace pensar que somos tales. Seguido de un juicio al cómo hemos venido “haciendo investigación”, para luego enfrentar críticamente lo que es la institución a la cual pertenecemos o en lo que se ha convertido. En el sentido de que realmente esté aportando conocimiento significativo para generar los cambios que esperamos protagonizar como institución y como sujetos intelectuales.

La teoría crítica actual, y a la cual nos agregamos, es aquella que parte del reconocimiento de la postura de Gramsci, del potencial que tenemos para explorar creativamente nuestra cultura, y en tanto es así, aunque todos tengamos esa posibilidad, no todos tienen la posibilidad de ser reconocidos como tal, y allí el factor decisivo de la élite a la vanguardia de lo que es y no es “pensamiento / conocimiento”, ese es el desafío. La incursión de los movimientos emergentes, bien sean campesinos, ecologistas, indígenas, laborales, apunta a la dirección del reconocimiento cultural, pero también a un reconocimiento de la persona que es quien lucha por sus ideales.

La reivindicación cultural es en sí misma, una reivindicación humana, intelectual. La investigación por tanto, que se diga social, debe considerar estas diferencias como impulso decisivo al cambio como tradicionalmente se ha venido haciendo investigación. Es ese cambio el que desde la década del setenta se ha reconsiderado con el cada vez más destacado paradigma cualitativo, con la valoración del potencial que la propia subjetividad de quien es investigado, aporta de manera decisiva al conocimiento de la realidad social. Es desde ese horizonte que hace más de una década el reconocido antropólogo Clifford Geertz sostuvo, a propósito del papel del etnógrafo:

“la distinción (en todo caso relativa) que se da en las ciencias experimentales o de observación entre “descripción” y “explicación”, se da en nuestro caso como una distinción aún más relativa entre “inscripción” (“descripción densa”) y “especificación” (“diagnóstico”), entre establecer la significación que determinadas acciones sociales tienen para sus actores y enunciar, lo más explícitamente que podamos, lo que el conocimiento así alcanzado muestra sobre la sociedad al que se refiere y, más allá de ella, sobre la vida social como tal. Nuestra doble tarea consiste en descubrir las estructuras conceptuales que informan los actos de nuestros sujetos, lo “dicho” del discurso social, y en construir un sistema de análisis en cuyos términos aquello que es genérico de esas estructuras, aquello que pertenece a ellas porque son lo que son, se destaque y permanezca frente a los otros factores determinantes de la conducta humana. En etnografía, la función de la teoría es suministrar un vocabulario en el cual pueda expresarse lo que la acción simbólica tiene que decir sobre sí misma, es decir, sobre el papel de la cultura en la vida humana”  (1996:37)

De tal manera que,

“Considerar las dimensiones simbólicas de la acción social –arte, religión, ideología, ciencia, ley, moral, sentido común- no es apartarse de los problemas existenciales de la vida para ir a parar a algún ámbito empírico de formas desprovistas de emoción; por el contrario es sumergirse en medio de tales problemas. La vocación esencial de la antropología interpretativa no es dar respuestas a nuestras preguntas más profundas, sino darnos acceso a respuestas dadas por otras (…), y así permitirnos incluirlas en el registro consultable de lo que ha dicho el hombre” (1996:40)

Sin duda, aunque tenemos algunas discrepancias con la visión de la antropología como “interpretación” del “otro”, (en tanto que nuestra postura es que la antropología es en sí misma un compromiso de acción, tal y como lo sostuviera Darcy Ribeiro), la reflexión de Geertz, nos permite entender lo que precisamente le otorga esa condición particular que ninguna otra ciencia puede llegar a tener, ante el desafío complejo de entender-estando, del investigador, pero también del estando-siendo que es, en definitiva, la comprensión del hombre, desde un horizonte afectivo, crítico, epistémico y sobre todo sociopolítico e ideológico.

El conocimiento de la realidad exige un conocimiento del momento como continuidad, es decir, conocer diacrónicamente que es lo que configura a la persona como tal, en tanto que produce un conocimiento altamente significativo desde su propia representación en un momento determinado. Tal  y como lo expresa Horkheimer

“Cualquiera que sea la diferencia de los intereses, el momento subjetivo en el conocimiento humano no es el capricho de los hombres, sino aquella parte de sus actitudes, de su educación, de su trabajo, en suma: de la propia historia de cada uno, que ha de ser comprendida en conexión con la historia de la sociedad” (2003: 42)

Lo cual debemos acompañar con la propuesta metodológica de Ferrarotti


“captar el nexo de condicionamiento recíproco que intercorre entre diferentes niveles de experiencia y entre éstos y el plano macrosistémico estructural, a fin de fijar los primeros elementos de una dialéctica relacional en la que naturaleza y cultura, ambiente e historia, sistema, clase, grupo e individuo establezcan entre sí una relación necesaria y al mismo tiempo apriorísticamente (dogmáticamente) no exactamente (cuantitativamente) previsible. Desde el punto de vista estrictamente metodológico-operativo, propongo el examen del acontecimiento o de la situación (decisión, hecho, historia a nivel sistemático macrosocial) tal como se configura en un plano estructural sistémico según una triple “red” que describa, explique e interprete la intersección con la comunidad susbsistémica (como se percibe, conoce, evalúa, “reacciona” a nivel local) y con el plano de lo vivido por el “grupo primario” y del individuo singular, en cuanto socializado y por lo tanto constituido como persona en el grupo.” (1991:120)

Nuestra propuesta de episteme plural, consiste en la consideración de la producción de conocimiento desde cada una de las realidades culturales en las que se establece la vida en sociedad y para lo cual necesariamente ha existido un conocimiento, un conocimiento, al cual, por ejemplo, la propia historia oral ha recopilado, y especialmente de los pueblos indígenas podemos aprender mucho en este sentido. Tal y como sostuviéramos hace ya casi dos años, la episteme plural consiste en

“un corpus cognoscitivo procesado y producido por todos los actores culturales, sean indígenas, campesinos, “criollos”, afrodescendientes, etc. De esta forma, percibimos el mundo cosmovisional representado por los autores como la estructura sobre la cual se construye el saber fundado en la práctica”  (Martínez, 2005:46,47)


Así, la intervención compartida, siguiendo el hilo de la conferencia del 30 de marzo en esta misma institución, la definiremos como:

La consideración ética, antropológica e ideológica de que los sujetos de una comunidad determinada participen activamente en el análisis de sus propias potencialidades intelectuales conjuntamente con otros investigadores. En función de trabajar colectivamente y de manera consensuada, por la transformación de la realidad, entendida ésta como totalidad dialéctica. A través de la etnografía como proceso colectivo, donde el proceso de transformación se establece en el momento mismo en que se comienza a elaborar el diagnóstico de la realidad donde se manifiesta temporal y espacialmente la situación problema. Sirviéndonos de entrada de una perspectiva crítica y de una orientación plural que considera las diferencias de cada uno de los involucrados como un potencial significativo en la generación de nuevos conocimientos.

Muchas gracias por su atención.



Referencias citadas:

         FERRAROTTI, Franco 1991 La historia y lo cotidiano. Trad. Claudio Tognonato. Edic.  Península. Barcelona, España.

          GEERTZ, Clifford 1996. La interpretación de las culturas. Gedisa. Barcelona, España.
           HORKHEIMER, Max 2003 Teoría Crítica. Amorrortu. Buenos Aires. Argentina

     MARTÍNEZ, Benjamín 2005  En torno al concepto de epistemología plural (redefiniendo la función social de la ciencia desde la antropología). Antropologando, Revista Venezolana de Antropología Crítica, Año 4, Nro 14. (Julio-Diciembre) Pp.41-60.
    
     ZEMELMAN, Hugo. 1992. Los Horizontes de la Razón. I. Dialéctica y Apropiación del presente. Editorial Anthropos. Barcelona, España y El Colegio de México, México D.F. Barcelona, España.



[1] Charla dictada a los profesores del Colegio Universitario de Administración y Mercadeo (CUAM Industrial). Valencia, Estado Carabobo, 2 de Mayo de 2007.